Cientos de personas se reunieron en la catedral para acompañar a los presbíteros y celebrar la misa donde renuevan sus promesas sacerdotales
Así lo dijo el obispo, Monseñor Ricardo Morales, al presidir la Misa Crismal en la Catedral de Copiapó, este Miércoles Santo, ante las de familias que se reunieron para la celebración eucarística. En el altar lo acompañó Mons. Joan-Enric Vives, obispo emérito de Urgell, que se encuentra de visita y permanecerá en la diócesis por algunas semanas, y que por Semana Santa estará apoyando al sector de Rosario de Copiapó.
En su homilía, don Ricardo invitó a los sacerdotes a recordar siempre que han sido llamados, ungidos y que caminan con el Señor. Y que el sacerdocio al modo de Jesús es implica acercarse a los pobres, sanar heridas, levantar a los caídos y abrir caminos de esperanza.
Sacerdotes con corazón de puente
El obispo dijo que un sacerdote está llamado a ser puente de diálogo y fraternidad en un mundo dividido donde se hacen muros y zanjas con facilidad. “Jesús no fue hombre de muros sino de encuentro”, señaló, pidiendo que un sacerdote “no cierre puertas que Dios quiere mantener abiertas”.
Habló de Dios como un tejedor paciente, por eso llamó a confiar en que Él trabaja en el corazón de las personas y a no olvida el amor de Dios. “Cuando uno olvida que es amado por el Señor, el corazón se cansa más rápido”, sostuvo, recalcando la tarea de ser instrumentos de misericordia en un mundo que sufre dolores y sufrimiento, donde las personas “necesitan encontrar en la Iglesia un poco de descanso para el alma”
El obispo llamó a los sacerdotes a renovar el compromiso sacerdotal con humildad, dejándose tocar por Dios, para ser “más cercanos, más humanos, más hermanos”, y pidió a la Virgen María, “Madre de los sacerdotes, nos enseñe a estar cerca de Jesús y cerca del pueblo, con un corazón tierno, humilde y disponible”.
Después de la homilía, los sacerdotes se ubicaron frente al altar para renovar sus promesas sacerdotales ante el obispo. Luego don Ricardo saludó a cada uno con un abrazo, momento recibido con aplausos por la asamblea reunida.
Bendición de los óleos
En la Misa también se bendijeron los óleos y se consagró el santo Crisma. Los aromas fueron presentados por una religiosa; el óleo de los enfermos, por un diácono y una persona mayor; el óleo de los catecúmenos, por un matrimonio; y el óleo para el crisma, por un diácono y su esposa.
Al final de la misa, el obispo agradeció a todas las personas que participaron en la organización de la Misa. También pidió a los fieles rezar por sus sacerdotes y por las vocaciones. Destacó con gratitud la presencia del p. Rodis Christensen en el altar, quien sufrió un complejo acv hace algunos meses, y que ya está recuperándose, relevando la importancia de la oración y la esperanza.
Como es tradicional, después de la misa, las personas pudieron compartir con los sacerdotes en el patio del obispado, en una fraterna convivencia.
